Las sabanas
Se extendían por mis piernas
Enredadas como la tupida selva
Aun guardaban el calor de tu existencia
Rezumante de secretos
A la orilla del querer y del sueño
Flotaba en el aire un aroma
De hora mancillada, de vida consecuente
De recuerdo sideral, de canto inagotable
Y amanecieron las legañas del deseo
Callaron las palabras todas
Cesó
La mustia literatura
Ese día
Sobre un rumor atronante de tiempo confuso
Juventud diletante, oscuridad despechada
Todo lo falso rompió en beso
Nos sabíamos mortales.
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